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Underground Football | mircoles 18 de enero del 2017

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Delio Onnis, el goleador olvidado en Argentina

Delio Onnis, el goleador olvidado en Argentina
Jaime Bonnail

Es difícil destacar en un país con tantas estrellas como Argentina. Vivir a la sombra de Di Stéfano, Kempes, Maradona o, más actualmente, Messi. Es una desgracia por la que ha tenido que pasar Delio Onnis, máximo goleador de la historia del fútbol francés.

Onnis nació en Italia (1948), pero años después se marchó con sus padres a Argentina

Nacido en Italia en 1948, Onnis se trasladaría con sus padres a Argentina en plena mitad del siglo XX, huyendo de un país que quedaba devastado anímica y económicamente tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Una época llena de dificultades donde el fútbol era la vía de escape perfecta para los adolescentes. Tanto en su primer equipo Almagro, como en Gimnasia y Esgrima de La Plata, Onnis ya demostraba su talento de cara a la portería.

El “Tano” no era conocido por su gran técnica, ni por su gran calidad, pero lo que hacía especial a este delantero era su oportunismo y su colocación para siempre estar en el sitio y en el minuto adecuado para empujar la pelota al fondo de la red. No obstante, en 1971, Europa y Francia le estaban esperando.

La llegada al Stade de Reims fue pura casualidad ya que el doble-subcampeón de Europa, de regreso a la primera división gala, estaba interesado en otro delantero. Alfredo Obberti, de Newell’s Old Boys, fue el elegido por equipo galo, pero la mujer de éste se negó a viajar a Europa, por lo que Onnis sería la alternativa del Stade de Reims.

Los dos años de Onnis en Reims fueron bastante duros para el argentino. A sus 23 años, su sueldo prácticamente se lo gastaba en llamadas telefónicas a su familia. Se puede decir que le salvó el seguir manteniendo aquella facilidad para hacer goles. En su etapa en la región del champagne, anotó 45 goles en 76 partidos. Pero su verdadero sitio estaba en la Costa Azul. En una entrevista en Le Monde, Onnis comentaba que envió una carta a sus padres desde Mónaco donde decía que si algún día el Mónaco le quería, iría a pie si hiciese falta. Aquel viaje con el Reims a Mónaco le sirvió para que al año siguiente fichase por el conjunto mediterráneo, entrenado por aquel entonces por un argentino: Rubén Bravo.

Durante una década, el monopolio goleador del fútbol francés lo tuvieron dos agentinos: Delio Onnis y Carlos Bianchi

Siete años en el AS Mónaco, donde vivió momentos buenos y malos en el club del Principado. A pesar de que el equipo descendió a segunda división, Onnis se quedaría para así conquistar el campeonato en 1978 y la Coupe de France en 1980. Pero debía vivir con la competencia goleadora de Carlos Bianchi. En aquella década, el monopolio goleador en Francia lo tenían dos argentinos: Bianchi goleaba en Reims y en el PSG, mientras que Onnis lo hizo en el Mónaco, y luego en el Tours.

Onnis solo tenía un objetivo en su cabeza, anticiparse a la segunda jugada. Si el portero rechazaba el balón, allí estaba él. Si un centro llegaba hasta el segundo palo, su cabeza aparecía en el último instante. Su final en Mónaco fue duro, con lágrimas, suyas y de su mujer. Onnis era sustituido por el austriaco Johann Krankl tras no aceptar el año de contrato que le ofrecía el presidente Campora. El argentino consiguió una media de 30 goles por temporada en el club monegasco, pero no fue suficiente para seguir gozando de la confianza del club monegasco. Así que puso rumbo al Tours. Allí continuaría goleando con 33 y 34 años. Su carrera acabaría en el Toulon, en 1986, debido a una lesión, pero logró otro título de máximo goleador de Francia, con 36 años a sus espaldas.

En Mónaco es una persona muy querida, sobre todo por la Casa Real, con quien guarda una excelente relación. Por ello, nunca quiso abandonar Mónaco. En Argentina nadie le conoce. No llegó a jugar nunca con la Albiceleste. Los diarios de la época no hacían caso de las hazañas realizadas más allá del Atlántico y sus 299 goles en la primera división francesa cayeron en saco roto en su país. Onnis prefiere que le conozcan más como persona humana que como jugador, y en Mónaco tras más de cuarenta años, le respetan como tal. Probablemente, ya no queden delanteros como él en el fútbol moderno. Ahora están obligados a participar en el juego colectivo, sin esperar el balón que quede muerto tras un rechace o tras un mal pase de un compañero. Los zorros del área están en peligro de extinción…

Fuente imagen principal: sportskeeda.com

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