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Underground Football | miércoles 26 de abril del 2017

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Las barras bravas colombianas desde dentro

Las barras bravas colombianas desde dentro
Jorge Mancera

La historia de Colombia ha estado enmarcada por la violencia. Guerras civiles, guerrillas y el combate al narcotrĂĄfico son ejemplos del pasado conflictivo de un paĂ­s que hoy en dĂ­a busca alcanzar la paz y borrar la imagen negativa que se tiene a nivel internacional. Y el fĂștbol, tampoco ha escapado de la violencia. Durante la Ă©poca los 80’s imperĂł el ‘narco-fĂștbol’, donde los grandes capos buscaban que los equipos bajo su respaldo se convirtieran en dominadores de la liga, sin importar el costo que tuviera. La sed de poder llevĂł a que se cometieran asesinatos como el de Álvaro Ortega, ĂĄrbitro colombiano, en 1989 o de AndrĂ©s Escobar, seleccionado colombiano en el Mundial de 1994 ejecutado el mismo año.

Las barras bravas colombianas destacan como una de las mĂĄs violentas de la regiĂłn

Sin embargo, los principales exponentes de la violencia en el balompiĂ© han sido las barras bravas, nacidas en Argentina y ‘exportadas’ a Colombia durante la dĂ©cada de los 90. Aunque el paĂ­s ‘cafetero’ fue uno de los Ășltimos en SudamĂ©rica en introducir este modelo, sus barras destacan de manera negativa como unas de las mĂĄs violentas de la regiĂłn.

Bogotå fue el escenario donde aparecieron las primeras barras bravas colombianas. Los Comandos Azules, de Millonarios, y la Guardia Albirroja Sur, de Santa Fe, dieron inicio a este tipo de agrupaciones, donde los cantos ofensivos hacia el rival y los enfrentamientos antes, durante y después del partido suelen ser característicos. Posteriormente aparecerían Barón Rojo, del América de Cali; Frente Radical, del Deportivo Cali; Los del Sur, de Atlético Nacional; y Rexixtencxia Norte del Independiente Medellín, así como una diversidad de barras de equipos de menor popularidad a nivel nacional.

ElaboraciĂłn: Irati Prat. Underground Football.

ElaboraciĂłn: Irati Prat. Underground Football.

Uno de los principios rectores dentro de estas agrupaciones es el ‘aguante’, entendido como la resistencia, ya sea durante el partido a travĂ©s de saltos y cĂĄnticos, o en los enfrentamientos fuera del estadio con los rivales. Para las barras el ‘aguante’ es primordial, ya que sirve para diferenciar al valiente del cobarde y es motivo de orgullo en los cĂĄnticos donde se menosprecia al rival, ya que se considera sin ‘aguante’.

Para intentar erradicar los problemas de violencia, funcionarios de gobierno y de la Dimayor han establecido medidas de seguridad

Esta necesidad de demostrar valentĂ­a y resistencia a travĂ©s de la violencia ha orillado a que hayan muerto mĂĄs de 80 aficionados entre 2004 y 2015 como producto de los combates entre barras bravas. Los intentos de la liga, los clubes y la policĂ­a por atacar este problema han sido infructuosos; en partidos catalogados como de “alta peligrosidad” se prohĂ­be el ingreso de barras visitantes y se realiza un despliegue policial que en ocasiones involucra alrededor de 2.500 efectivos para supervisar las acciones dentro y fuera del estadio. A pesar de ello, en diversas ocasiones las barras logran evadir a las autoridades y enfrentarse con sus rivales. Para intentar erradicar el problema, funcionarios de gobierno y de la Dimayor han establecido medidas que se suman a las anteriores, entre las que estĂĄn la carnetizaciĂłn de los hinchas y la implementaciĂłn de cĂĄmaras en los estadios, que se suman a las suspensiones de partidos y castigos econĂłmicos y deportivos para los clubes cuyos hinchas participen en actos violentos.

Sin embargo, entre los miembros de las barras existen opiniones divididas sobre las medidas. Felipe Muñoz, integrante de Los del Sur, explicĂł al diario colombiano El PaĂ­s, que la idea de carnetizar a los miembros es “frĂĄgil e inocente”, ya que solo actuarĂ­a como un reemplazo de la cĂ©dula de ciudadanĂ­a. LĂ­deres de las barras del Deportivo Cali y Once Caldas afirmaron para el mismo diario que las medidas eran correctas, aunque señalaron tambiĂ©n la necesidad de invertir en programas de educaciĂłn para los hinchas: “No ganamos nada con carnetizar a un muchacho y no ofrecerle nada para que se supere, para que salga adelante” declarĂł John Jairo VĂĄzquez, miembro de Holocausto Blanco, barra del Once Caldas, a El PaĂ­s.

LA BARRA DESDE DENTRO: LA ”GUARDIA ALBI-ROJA SUR” DE INDEPENDIENTE SANTA FE

Durante mi estadĂ­a de cinco meses en Colombia tuve la oportunidad de ver en vivo a AtlĂ©tico Nacional, Independiente Santa Fe y Millonarios de BogotĂĄ, tres de los equipos mĂĄs ganadores y con mayor arrastre de aficiĂłn en el paĂ­s. En el caso de Santa Fe, coronado hace unos dĂ­as como campeĂłn del fĂștbol colombiano, pude presenciar tres de sus partidos, dos de ellos frente a AtlĂ©tico Nacional, en temporada regular y semifinal, y otro frente a Independiente MedellĂ­n, en cuartos de final. La curiosidad (y el que fuera la localidad mĂĄs barata) me llevaron a presenciar un partido con la “Guardia Albi-Roja Sur”, barra oficial del club, ubicada en la tribuna Lateral Sur, y los otros dos con miembros de la “Guardia
” que se ubican en la tribuna Lateral Norte. Durante los 90 minutos de ambos partidos los miles de aficionados que colman ambas laterales cantan y alientan a su equipo, ademĂĄs de aprovechar para desafiar e insultar a sus rivales, estĂ©n o no enfrente.

Una gran variedad de cĂĄnticos de la “Guardia
” hacen mofa de los aficionados de Millonarios, Nacional o AmĂ©rica de Cali, tachĂĄndolos de cobardes, maricones o “gallinas”. La divisiĂłn que existe entre regiones en el paĂ­s se ve tambiĂ©n marcada en los cantos de los hinchas capitalinos, que se refieren a los hinchas ‘verdolagas’ o ‘diablos’ como ‘provincianos’ y que contienen un alto nivel de violencia reflejado en letras como “prepĂĄrate provinciano que te vamos a matar” o “venĂ­, venĂ­, venĂ­, venĂ­ a matar al provinciano”.

Para poder ingresar al estadio en las tribunas laterales es necesario pasar cuatro filtros de revisiĂłn detallada

Para poder ingresar al estadio en las tribunas laterales es necesario pasar cuatro filtros de revisiĂłn detallada; el ingreso de cintos y mochilas de cualquier tipo, aun vacĂ­as, estĂĄ prohibido. Dentro de la tribuna se puede observar una buena cantidad de policĂ­as, aunque el despliegue de elementos alrededor de la pista que rodea el campo sorprende por su cantidad. La necesidad de controlar incidentes es tanta que, tras terminar el partido, oficiales abordan las unidades de transporte pĂșblico para vigilar a los hinchas que salen de “El CampĂ­n”.

A pesar de la alta presencia policial, dentro de la tribuna se presentaron incidentes. Durante el medio tiempo de la semifinal frente a Nacional, un conato de bronca entre hinchas de Nacional y de Santa Fe se suscitĂł en la tribuna occidental; minutos despuĂ©s, un par de aficionadas ‘verdolagas’ aprovecharon el medio tiempo para tomarse una fotografĂ­a portando un par de gorros verdiblancos en medio de la barra ubicada en la Lateral Norte. Los hinchas locales reaccionaron con rechiflas e insultos y uno de ellos tomĂł ambos gorros y los lanzĂł lejos de la tribuna, acciĂłn celebrada por sus compañeros y repudiada por las aficionadas de Nacional y su acompañante, miembro de la barra de Santa Fe. Minutos antes de que terminara el partido un grupo numeroso de aficionados comenzĂł a saltar y cantar de manera repentina en la tribuna Oriental, quitĂĄndose la indumentaria rojiblanca que servĂ­a de camuflaje, para mostrar los colores de Nacional. Los aficionados de Lateral Norte corrieron a la orilla de la tribuna y comenzaron a lanzar objetos a sus rivales, mientras que varios de Oriental se liaron a golpes con sus ‘enemigos’. La policĂ­a tardĂł algunos minutos en intervenir, pero despuĂ©s de cerca de cinco minutos lograron parar la trifulca y sacar a los hinchas ‘verdolagas’, mientras los santafereños los despedĂ­an con el cĂĄntico “Oh, no son bogotanos, son amargos provincianos”.

Si bien los incidentes no pasaron a mayores, lo ocurrido en ‘El CampĂ­n’ es una pequeña muestra de la realidad que vive el fĂștbol colombiano. Un informe de la Universidad de La Sabana explicĂł que hay mĂĄs de cinco mil miembros de ‘barras bravas’ en el paĂ­s, de los cuales el 70% son menores de edad. En la mayorĂ­a de las ocasiones las barras se convierten en un refugio para sus miembros, que llegan de ambientes familiares, sociales y econĂłmicos difĂ­ciles y que logran identificarse con el grupo, al grado de dar su vida para defender los colores.

Un informe de la Universidad de La Sabana explicó que hay más de cinco mil miembros de ‘barras bravas’ en el país, de los cuales el 70% son menores de edad. En la mayoría de las ocasiones las barras se convierten en un refugio para sus miembros, que llegan de ambientes familiares, sociales y económicos difíciles y que logran identificarse con el grupo, al grado de dar su vida para defender los colores

Para diversas figuras pĂșblicas, el problema de las barras bravas en Colombia obedece a diversas causas. Para John Castro, investigador de la Universidad Nacional, la violencia en el fĂștbol persiste “pues es una mercancĂ­a que vende mucho mĂĄs que la convivencia y la paz”, ademĂĄs de ser un reflejo de la violencia social del paĂ­s y sus profundas divisiones histĂłricas. Para Monseñor Alirio LĂłpez, fundador del extinto programa “Goles en paz”, los comentaristas deportivos tienen gran culpa debido al discurso que utilizan, donde un partido se convierte en un “duelo a muerte”.

El fĂștbol colombiano se encuentra en un punto clave para atacar de lleno el problema de las barras bravas

Golpeado por la violencia en las Ășltimas dĂ©cadas, el fĂștbol colombiano se encuentra en un punto clave para atacar de lleno el problema de las barras bravas. Aunque no es posible catalogar a todos los miembros como violentos, su constante participaciĂłn en enfrentamientos ha provocado que se les catalogue como entidades conflictivas que deben desaparecer. El trabajo en conjunto de autoridades de gobierno en todos los niveles, de la Dimayor, de los clubes y de la sociedad es necesario para que el fĂștbol se disfrute como una fiesta, sin que nadie tenga que morir por portar colores distintos a los propios.

Fuente imagen principal: Jorge Mancera.

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