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Underground Football | mircoles 26 de abril del 2017

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Massimo Ferrero, una vida de película

Massimo Ferrero, una vida de película
Adrian Blanco

El señor Ferrero molesta a mucha gente porque es transparente, marcha sin ningún tipo de protección y no está todos los días sentado rascándose las pelotas. De esa forma tan peculiar, hace no mucho tiempo, hablaba de sí mismo en tercera persona el presidente más extravagante del Calcio actual. Asegura ser de izquierdas, revolucionario en su juventud, que llegó incluso a pasar seis meses en un centro reformatorio, con una vida muy ligada al cine y “giallorosso (Roma) de cabeza, pero blucerchiato (Sampdoria) de corazón”. Massimo Ferrero, en menos tiempo que el resto, ya pertenece al salón de la fama de la incongruente presidencia italiana, donde nombres como Silvio Berlusconi, Aurelio De Laurentiis o Maurizio Zamparini cuentan con su propia estrella.

Nacido en 1951, en el barrio romano del Testaccio, desde muy joven inició su aventura cinematográfica. A los siete realizó su primera aparición. Y no muy aplicado en lo que a estudios se refiere, con los dieciocho años recién cumplidos comenzó su dedicación a la producción de la gran pantalla. A los veintitrés, ya como Director de Producción, dirigió su primera película A mezzanotte va la ronda del piacere (juzguen ustedes mismos con este extracto). Una afición que, junto al fútbol (mucho más tarde), ha mantenido distraído al único descendiente de un humilde matrimonio romano que persistió en la capital gracias a los salarios de un conductor de autobuses y una mercadora ambulante.

Ferrero ha participado en más de medio centenal de películas: en 8 de ellas fue actor; en 13, director de producción

Su vocación se atribuye a la abuela paterna, quien fue actriz del Teatro Ambra Jovinelli de la propia Roma. En 1994 se convertiría en productor cinematográfico independiente. Y solo unos meses después llegaría su primer gran trabajo como cineasta. Viajó hasta el Caribe y en colaboración con el mismísimo Fidel Castro, proyectaron lo que más tarde sería conocido como el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos). Un momento y un país muy presentes en la vida de un hombre, que sin ningún tipo de tapujos, igual que asegura seguir a la Roma de siempre, reconocería haber votado a Massimo D’Alema, antiguo dirigente del Partido Comunista Italiano.

Casado en un primer momento con la heredera de una importante quesería del país, el matrimonio dedicó sus primeros años a exportar productos a los Estados Unidos. Y con las ganancias, produjo su primera gran obra: Testimoni d’Amore. Una producción que ni siquiera sirvió como sobremesa de los fines de semana, y jamás llegó a recuperar la inversión hecha ni aparecer del todo proyectada. Una etapa de bonanza económica, en cuanto a quesos se refiere, de la cual hoy solo queda el recuerdo, la hija que tuvieron en común y una serie de denuncias que la expareja a menudo intercambia fruto de su separación (en 2016, incluso, fue investigado por no respetar la manutención de unos de sus varios matrimonios que han reportado hasta 6 hijos).

Años después, concretamente en 2006, Ferrero se hizo con los derechos de una película de origen alemana titulada ‘Bye, bye, Berlusconi!’ (tampoco pierdan detalle), que relata las consecuencias que podría desencadenar en Italia un secuestro de ‘Il Cavaliere’. La película, se sospecha, no cayó en gracia del propio Silvio, ya por aquel entonces Presidente del Consejo de Ministros de la República, y jamás encontró de recursos ni pantallas donde ser distribuida. Al parecer, ni para que las parejas se metiesen mano.

Incansable en su vocacional e impulsivo espíritu empresarial, solo dos años después, el bueno de Ferrero encontró la clave de su carrera profesional. A raíz de la quiebra de la cinematográfica cadena Finmavi dirigida por Cecchi Gori -expresidente de la Fiorentina, condenado a siete años de prisión debido a una serie de episodios fraudulentos-, a cambio de cincuenta y nueve millones de euros e innumerables prórrogas judiciales, se convirtió en el único dueño del circuito que incluía sesenta salas y el histórico Teatro Adriano de Roma (donde en su día tocaron los Beatles). De esta forma, en el año 2008, cobró vida el conocido como ‘Ferrero Cinemas Group’. Una marca que cuenta con su complejo principal valorado en 40 millones, y que tampoco ha tardado en estar bajo la lupa de la justicia italiana. Algo no encaja, pensaron muchos.

Massimo Ferrero: “Me considero ‘giallorosso’ (aficionado de la Roma) de cabeza y ‘blucerchiato’ (Sampdoria) de corazón”

Aún inconforme con sus logros empresariales, Ferrero decidió mirar al cielo, y en un ataque de ambición quiso invertir en los aviones. En el 2009, se hizo con la totalidad de ‘Livingston Energy Flight’, una compañía aérea dedicada a los vuelos chárter. Sin embargo, solo unos meses después, la ENAC (Entidad Nacional de Aviación Civil) suspendió a la empresa la totalidad de licencias para volar. Algo que, consecuentemente, ya en el 2010, propiciaría la quiebra total de la compañía. Pero no todo acabaría aquí, ni mucho menos. Pues acusado de protagonizar una bancarrota algo sospechosa -algo parecido a lo de Cecchio Gori con sus cines-, Ferrero fue condenado a un año y diez meses de prisión. Condena que, por el momento, ha esquivado de llegar al ingreso a cambio de una fianza de 850.000 euros y diversos trabajos sociales.

En 2014 se hizo dueño de la Sampdoria, gratis, pero con la obligación de hacer frente a la deuda (15 millones de euros)

Dolido tras su fracaso en el mundo aéreo, encontró en la venta de la Sampdoria su oportunidad para resarcirse empresarialmente. Obteniendo la presidencia del club genovés de manera gratuita, con la obligación, eso sí, de hacerse cargo de la deuda administrativa -tasada en quince millones de euros-, y no sin antes haber intentado con menos éxito la adquisición de la Roma, el Lecce y la Salernitana; el 12 de junio de 2014 Edoardo Garrone anunció a su nuevo sustituto, en una comparecencia ante la prensa en la que se comenzó hablando del club y se terminó recordando los logros (o los hechos, mejor dicho) cinematográficos del nuevo adquisidor.

Víctima de su estilo guasón, sus incendiarias declaraciones y sus continuos saltos protocolarios, entre palcos, zonas de prensa y el propio césped, donde una vez llegó a adueñarse de una cámara televisiva para filmar el calentamiento previo ante el Torino, difieren, de acuerdo a quienes más de cerca lo conocen, con el espíritu que muestra en las trastiendas del Séptimo Arte; donde, no obstante, es popularmente conocido como la ‘Viperetta’ (tras defender, según se cuenta, a la actriz Monica Vitti de un agresor. Algo así, traducido, como el clásico dicho ‘pequeñito pero matón’. Aunque su propia versión, contada en su autobiografía Una vita al massimo, ed è il minimo che posso dirvi, relata que su origen tiene a un diseñador, el trabajo y unos azotes como premio de elementos protagonistas. Aunque esa es otra historia).

Hace pocos meses, en septiembre del año pasado para ser más exactos, la Procura de Roma le embargó alguna de sus cuentas, tras ser acusado de no pagar el IVA y el IRES en sus empresas, conocido como el impuesto de sociedades en Italia, en costes que alcanzaban los 200.000 y 1.176.000 euros de manera respectiva. Año en el que, además, compaginó unas investigaciones por violar sus obligaciones de atención familiar con el nacimiento de su sexto hijo, bautizado en el mismísimo Vaticano. Un hecho extravagante, cuanto menos, como todos aquellos que acompañan la vida del mandatario futbolístico, si uno atiende a que Ferrero va camino de cumplir los 66 años. O esa otra, aunque esta en 2015, cuando ordenó a Joma, la marca que viste desde hace tiempo a la entidad blucerchiata, de confeccionar las camisetas del primer equipo con un chip que reprodujese a los propios futbolistas cantando el himno de la entidad. La propuesta, indecente, más allá del aspecto económico, pues ninguna competición profesional permite vestir con este tipo de prendas, conformó al presidente con una tirada de tan solo 350 réplicas. Todo tal y como suena, nunca mejor dicho.

Conocido por sus insólitos espectáculos presidenciales, pronto consiguió ganarse el cariño de una afición que, en su figura, encontró el contraste más evidente a la Familia Garrone (antiguos propietarios de la Sampdoria).  Por el momento, en cerca de tres años en el cargo, donde una de sus hijas es dueña del 80% de las acciones, uno de sus nietos del 19% y el 1% todavía corresponde a los Garrone, su legislatura ya ha protagonizado diversas polémicas celebraciones, diversos golpes de mercato (como cuando le dio por fichar a Samuel Eto’o) y una inhabilitación -que tampoco ha cumplido- por dirigirse de manera despectiva en televisión al presidente indonesio del Inter de Milán (Erik Thohir); y que más tarde protestaría escenificando con una mordaza al realizar una entrevista.

Tiene 6 hijos, el último de ellos nació en el año 2016; Ferrero cumplirá 66 años en el próximo mes de agosto

Un hombre de cine, que cuenta con 8 intervenciones como actor, 13 direcciones de producción, 20 producciones empresariales y 5 distribuciones. Y a lo que hay que añadir hasta 18 producciones ejecutivas de la gran pantalla. Siempre acostumbrado a protagonizar el papel principal de los palcos cada jornada allá donde juegue la Sampdoria, desde hace tiempo prepara con empeño su reparto más deseado: los puestos europeos. Prepárense si algún día llega. Aunque mientras tanto, dado que el próximo año tampoco será cuando el club genovés dispute alguna de las competiciones europeas, mejor es que se pongan cómodos. El espectáculo, bien lo sabe Ferrero, debe continuar.

Fuente imagen principal: wordsport.it

Comments

  1. Juanvi Safont

    Vaya personaje Ferrero. La verdad es que viendo a muchos de los dirigentes de la Serie A te das cuenta porque ha pasado de ser la mejor Liga del mundo a estar algún escalón por debajo.

  2. Adrian Blanco

    @Juanvi

    Ni que lo digas, Juanvi. Menudos personajes tiene hoy en día Italia en sus palcos. Y se va Zamparini, pero ojo al nuevo dueño del Palermo que también se las trae. A ver qué sucede con Berlusconi, que su sombra parece demasiado larga. Ellos se lo pasan pipa.

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