Capos y goles

CAPOS Y GOLES ; Capos y Goles (III) Medellín y ‘El Patrón’ por Jorge Mancera | Nov 4, 2016 | Capos y goles, Resto de Europa, Sudamérica | 0 ComentariosLa ciudad de Medellín, ubicada en el departamento de Antioquía, fue una de las más afectadas por el...
Capos y Goles (III) Medellín y ‘El Patrón’

Capos y Goles (III) Medellín y ‘El Patrón’

La ciudad de Medellín, ubicada en el departamento de Antioquía, fue una de las más afectadas por el narcotráfico en Colombia. En su territorio se constituyó el cártel de Medellín, principal grupo criminal de la época conocido por sus ataques a figuras políticas y periodísticas, así como por sus sanguinarios atentados con bombas, además de otras actividades ilícitas que marcaron la historia de Colombia con sangre.

Medellín además es reconocido por sus equipos de fútbol. Atlético Nacional e Independiente Medellín son dos de las escuadras más populares, siendo el primero el equipo más ganador del país. Dada su relevancia para el balompié colombiano, los dos se vieron envueltos también en las redes del narcotráfico, teniendo el respaldo de Pablo Escobar, el capo más temido de la narcoguerra en Colombia.

Como en el caso de los equipos de Bogotá, uno se vio más inmiscuido en cuestiones ilícitas que su contraparte. En Medellín fue el Independiente el menos envuelto, aunque de cualquier forma recibió apoyos de narcotraficantes. Desde 1978 y durante 30 años el equipo estuvo en propiedad de seis mafiosos distintos, que aprovecharon la cortina para lavar millones de pesos colombianos. Dentro de las acusaciones al equipo se encontraban el lavado de dinero, evasión de impuestos, fraude contable, uso indebido de nombres, entre otros.

No obstante, el principal protagonista del narcofútbol en Medellín fue el Atlético Nacional. Junto al América de Cali y a Millonarios de Bogotá, el conjunto ‘paisa’ destacó en la década de los 80, gracias a una plantilla de renombre, respaldada por el poderío económico de Pablo Escobar, que curiosamente era hincha ferviente del Independiente de Medellín. Si bien “El Patrón” no se involucró abiertamente con el equipo, como lo hicieron los Rodríguez Orejuela en Cali o Gonzalo Rodríguez Gacha en Millonarios, su apoyo financiero resultó clave para que el ‘Rey de Copas’ peleara por títulos y consiguiera la primera Copa Libertadores en la historia del fútbol colombiano.

Aunque nunca se pudieron probar de forma concreta, las acusaciones de amaño de partidos fueron una constante en el andar de los ‘verdolagas’ durante los 80’s, producto del secreto a voces del respaldo de Escobar

Pablo Emilio Escobar Gaviria nació en 1949 en Ríonegro, Antioquía. En su juventud dejó ver su capacidad para los negocios ilícitos y pronto se adentró en el mundo del narcotráfico, donde alcanzó la cumbre como líder del Cartel de Medellín. ‘Don Pablo’ era además un apasionado del fútbol. A principios de 1980 destacó por su labor con programas sociales en los barrios humildes de Medellín, entre los que se encontraba la construcción de canchas de fútbol para que los jóvenes hicieran deporte; de campos como éstos saldrían figuras del fútbol colombiano como Leonel Álvarez o René Higuita.

Con el paso de los años la fortuna y el poder de Escobar aumentaron, así como su participación en el fútbol. El capo respaldó a los dos equipos de la capital antioqueña, aunque fue Nacional el que llevó la mejor parte. Durante la década trágica la liga colombiana fue dominada por Cali y Millonarios, pero fueron los ‘verdolagas’ quienes obtuvieron el trofeo más deseado al derrotar al Olimpia de Paraguay en la final de la Libertadores de 1989. Curiosamente, el duelo decisivo tuvo que llevarse a cabo en Bogotá debido al temor de los árbitros a pitar en la tierra del Cártel de Medellín.

Las sospechas de corrupción acerca de la obtención del título no tardaron en aparecer, pero nunca pudieron ser confirmadas. Para la edición de 1990, el cuadro paisa alcanzó las semifinales del torneo continental, donde cayó frente al Olimpia; a pesar de que el equipo mostraba un fútbol atractivo, de nueva cuenta fue puesto en el ojo del huracán tras las acusaciones del árbitro uruguayo Daniel Cardellino. El colegiado pitó el duelo de cuartos de final entre Nacional y el Vasco da Gama brasileño. Horas antes del encuentro, Cardellino denunció que recibió una llamada en la habitación del hotel donde se hospedaba donde se le exigía encontrarse con un desconocido en una cafetería cercana. Al llegar ahí se topó con un grupo de hombres armados que le ofrecieron veinte mil dólares para que su actuación fuera “imparcial”. Los colombianos triunfaron 2-0, sin ninguna acción arbitral polémica.

Horas antes del encuentro, Cardellino denunció que recibió una llamada en la habitación del hotel donde se hospedaba donde se le exigía encontrarse con un desconocido en una cafetería cercana

A su vuelta a Uruguay, Cardellino escribió a la Confederación Suramericana de Fútbol para acusar las amenazas recibidas. El partido se tuvo que repetir en Santiago de Chile, elegido como sede neutral, con victoria de 1-0 para Nacional. Además de ello, los clubes colombianos fueron castigados hasta 1992 sin poder recibir duelos internacionales en Colombia, y los árbitros suramericanos exigieron no pitar partidos en dicho país ante el miedo que reinaba, conscientes de lo que le sucedió a su colega Álvaro Ortega en Medellín.

La influencia de Pablo Escobar en Nacional no fue tan visible como la de los otros capos colombianos, pero su pasión por el deporte sí quedó de manifiesto muchas ocasiones. La Hacienda Nápoles era el hogar del ‘Patrón’ y una de sus posesiones más preciadas: con casi 3000 hectáreas, contaba con una plaza de toros, zoológico con animales exóticos y una cancha de fútbol. En muchas ocasiones la hacienda fue escenario de partidos de fútbol donde su dueño gastaba millones de pesos para traer a sus jugadores predilectos, e incluso en ocasiones apostaba grandes cantidades de dinero contra Gonzalo Rodríguez Gacha en partidos donde ambos formaban sus oncenas.

En 1991 Escobar ingresó de manera voluntaria a prisión, con ciertas exigencias de por medio, para evitar su extradición a Estados Unidos. La cárcel, llamada La Catedral, terminó por convertirse en un hogar adaptado a las órdenes del capo, donde hacía y deshacía sin que nadie lo molestara. Aprovechando las bondades del sistema penitenciario colombiano, ‘Don Pablo’ continuó con la organización de sus partidos amistosos con estrellas del fútbol colombiano.

Entre los jugadores que visitaron La Catedral para jugar estuvieron Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, René Higuita, quien entabló una amistad con Escobar y fue bajado de la lista del Mundial de 1994 al ser visto llegando a la prisión, y Diego Armando Maradona

Entre los jugadores que visitaron La Catedral para jugar estuvieron Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, René Higuita, quien entabló una amistad con Escobar, fue bajado de la lista del Mundial de 1994 al ser visto llegando a la prisión, y Diego Armando Maradona. Este último visitó al narcotraficante tras ser contactado a través de Guillermo Coppola, su agente, por medio de la intervención de Higuita. Aunque el astro argentino aseguró no saber a quién visitaba, posteriormente realizó declaraciones donde mostraba su empatía con el capo.

En los amistosos que armaba, Escobar dejaba ver también sus dotes futbolísticas. Roberto “El Oso” Escobar, su hermano, escribió en su libro “Mi hermano Pablo” al respecto: “«Los partidos eran interminables y duraban hasta que Pablo quisiera y ello ocurría cada vez que el equipo del Cartel anotaba el gol del empate o de la victoria (…) Escobar era buen jugador, le pegaba durísimo al balón. El siempre se hacía adelante y se enfundaba la camiseta número 9».

El asesinato del capo en diciembre 1993 a manos de las fuerzas militares provocó un escalamiento de la violencia por parte de los cárteles que buscaban dominar el negocio ante la caída del jefe. Multitudes se agolparon en las calles para despedirlo, principalmente de estratos sociales bajos, recordando las múltiples ayudas que recibieron por parte de un líder criminal que encontró un espacio en el fútbol para olvidarse de sus crímenes atroces.

La época de los 80’s y principios de los 90 dejó una profunda cicatriz en el pueblo colombiano. Millones de muertos y desplazados, un tejido social resquebrajado y una imagen internacional de terror fueron el resultado del conflicto armado por dominar el negocio de las drogas. El fútbol no pudo escapar de los tentáculos del narcotráfico y se vio rápidamente penetrado por su influencia. Si bien los equipos colombianos vivieron una época dorada en esta etapa, la caída de los grandes ‘benefactores’ del balompié cafetero provocó una dura crisis económica al no poder solventar los gastos que mantenían gracias al dinero de las drogas. El nivel del fútbol en el país sudamericano se encontró inmerso en una espiral hacia abajo, de la que poco a poco se han recuperado los clubes.

Hoy en día la selección Colombia cuenta con una plantilla poderosa y pelea palmo a palmo con las potencias del continente, mientras que dos de sus clubes (Atlético Nacional e Independiente Santa Fe) son los actuales campeones de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Lejos están los días del ‘narcofútbol’ y las consecuencias que trajo consigo, pero el recuerdo permanece presente para buscar que nunca más se repita esa triste historia.

Fuente imagen principal: LUIS ACOSTA (AFP/Getty Images)

Capos y goles (II): ‘El ballet azul’ y el torneo del 89

Capos y goles (II): ‘El ballet azul’ y el torneo del 89

La excelsa temporada del América de Cali en la década de los 80 demostró dos cosas: el poder que podía tener un equipo respaldado por dinero del narcotráfico y el prestigio que brindaba a los narcotraficantes dominar el fútbol colombiano frente a sus rivales. Los hermanos Rodríguez Orejuela sentaron las bases para que el narcofútbol fuera el común denominador en Colombia durante esta etapa.

En Bogotá, la capital colombiana, los dos principales equipos también se vieron envueltos en manejos turbios.

En Bogotá, la capital colombiana, los dos principales equipos también se vieron envueltos en manejos turbios. Independiente Santa Fe, considerado el equipo del pueblo, fue primero controlado por Fernando Carrillo, quien era acusado de tráfico de drogas además de ser vinculado al negocio de las esmeraldas, y posteriormente pasó a manos de Silvio y Fanor Arizabaleta, narcotraficantes del Valle del Cauca que eran íntimos amigos de los hermanos Rodríguez Orejuela. Si bien “el León” no cosechó grandes éxitos en la década de los 80 (solo se coronó campeón de Copa en 1989), hasta hace algunos años seguía arrastrando el estigma del narcotráfico. En 2010 se le relacionó fuertemente con “Don Julio”, zar del tráfico de esmeraldas y narcotraficante, que poseía acciones del club a través de prestanombres.

‘LOS EMBAJADORES’ Y ‘EL MEXICANO’

Del otro lado de Bogotá se encontraba Millonarios, club relacionado con la élite. De la misma forma que sus rivales, fue infiltrado por narcotraficantes que inyectaron fuertes cantidades de dinero al club. El primero en adentrarse fue Edmer Tamayo, asesinado en 1986, quien estaba vinculado con cargamentos de cocaína y se le relacionaba con los hermanos Rodríguez Orejuela. Tras la muerte de Tamayo apareció Gonzalo Rodríguez Gacha, apodado ‘El mexicano’ por el gusto que tenía hacia la cultura de aquel país. Convertido en el mayor accionista del club, Rodríguez Gacha, socio de Pablo Escobar, no escatimó para convertir a Millonarios en protagonista durante la época del ‘narcofútbol’.

‘El ballet azul’ se coronó bicampeón en 1987 y 1988 pero los dos títulos fueron cuestionados en diversos medios.

‘El ballet azul’ se coronó bicampeón en 1987 y 1988, sin embargo, los dos títulos fueron cuestionados en diversos medios, que no dudaron en afirmar que Rodríguez Gacha había hecho todo lo que estaba a su alcance para influir en los resultados. Incluso Jorge Luis Pinto, ex entrenador de la selección colombiana, aseguró que Luis Augusto García, también antiguo director técnico del conjunto cafetero, había participado sobornando a jugadores y árbitros para beneficiar a Millonarios. Las transferencias de jugadores y el pago de sueldo a jugadores extranjeros en el club albiazul se realizaban fuera de las normas del país, con el objetivo de poder lavar el dinero sin intervención de la justicia. Rodríguez Gacha, en su papel de patrocinador, se encargaba también de comprar a periodistas de manera que estos no se expresaran mal de su equipo.

El derroche del ‘Mexicano’ quedaba de manifiesto cuando Millonarios ganaba partidos importantes: los jugadores eran invitados a la finca que el narcotraficante ostentaba en Pacho, Cundinamarca, y ahí bebían y comían a placer cerdos que eran matados a balazos previo a ser cocinados durante el festejo. Los excesos no quedaban ahí: de acuerdo al investigador José Cipriano Ramos, Rodríguez Gacha otorgaba un millón de pesos a los jugadores que marcaran en los partidos del torneo colombiano.

Con tanto poder, el ‘Mexicano’ controlaba al equipo a placer. Su poder, si alguien dudaba de este, fue reiterado cuando, respecto a sus jugadores, declaró lo siguiente: “Lo único que yo sé es que si alguno de estos vergajos se llega a ir del equipo, no amanece. Poco me importa lo que le ofrezcan por fuera. Acá se tiene que quedar, por lo menos hasta que a mí me sirva”.

Rodríguez Gacha fue asesinado en 1989. No obstante, su familia continuó al mando del equipo hasta que el gobierno colombiano intervino para eliminar estos vínculos. Durante 24 años Millonarios permaneció sin títulos hasta que en 2012 alcanzó su 14 estrella para mantenerse como el segundo equipo más ganador de Colombia; aunque la grandeza de ‘Los Embajadores’ existía desde antes que ‘El Mexicano’ apareciera. Su presencia e influencia trajo consigo una fuerte crisis económica y de credibilidad que hoy en día continúa arrastrando el club capitalino.

EL TRÁGICO TORNEO DEL 89

Tras el bicampeonato de Millonarios dio inicio el torneo colombiano 1989, en el que 15 equipos pelearían por el título. Desafortunadamente, los tentáculos del narcotráfico habían tomado por completo al fútbol y por primera vez desde que se fundó la División Mayor del Fútbol Colombiano se tuvo que suspender el campeonato. Los primeros indicios de que lo peor estaba por venir se dieron a finales del campeonato del 88. En noviembre de ese año el árbitro Armando Pérez fue secuestrado y amenazado de muerte, para después enviar un mensaje a nombre de seis clubes: “El que pite mal, lo borramos”. La sentencia estaba dada y los medios fueron claros: solo faltaba que mataran a un árbitro. El temor de los colegiados los orilló a no pitar la tercera fecha del octagonal final; amenazas hacia ellos y sus familias, sobornos y el miedo a hablar sobre todos estos ataques se convirtieron en la costumbre para el arbitraje en Colombia. Si bien es cierto que se habían cometido errores flagrantes en algunas marcaciones, la sombra de los narcotraficantes estaba ya sobre el fútbol colombiano y pronto cumpliría su palabra.

La disputa entre los capos para ver cuál de sus equipos era el mejor se sumaba a apuestas de millones de pesos colombianos.

La mayor parte torneo del 89 transcurrió sin sobresaltos, aunque los cobros polémicos no faltaron en varios partidos. La disputa entre los capos para ver cuál de sus equipos era el mejor se sumaba a apuestas de millones de pesos colombianos, motivo por el que algunos colegiados tenían que influir en los partidos, lo que provocó a su vez que cualquier error humano por parte de los de negro se convirtiera en peligro de muerte. Tal fue el caso de Álvaro Ortega. El 26 de octubre de 1989 pitó el partido entre América de Cali e Independiente de Medellín. Los valleucanos ganaron 3-2, después de que Ortega anulara un gol al DIM por una falta previa. Su error pronto traería consecuencias fatídicas.

El 15 de noviembre de 1989 se volvieron a enfrentar ambos equipos, ahora en Medellín. Entre los árbitros se había vuelto costumbre hacer lo posible para evitar pitar en dicha ciudad, ante el miedo de cometer un error que les costara la vida. Jesús ‘Chucho’ Díaz, silbante con gafete FIFA y compañero en la terna que pitó el encuentro, argumentó ante la Dimayor su temor a que Álvaro Ortega pitara en Medellín. Fue ignorado. En la tarde previa al partido Ortega recibió una llamada que lo desconcertó, pero prefirió no comentarle nada a Díaz. Ambos participaron como asistentes en un duelo que terminó sin goles entre ambos equipos. Al salir del estadio se dirigieron a cenar. Cuando caminaban de vuelta al hotel donde se hospedaban, apareció un coche del cual se bajó un hombre con una pistola. Ordenó a ‘Chucho’ que se apartara y descargó contra Ortega, quien recibió nueve disparos. Como pudo, Díaz llevó al hospital a su amigo, pero finalmente falleció en el hospital.

Años después, John Jairo Velásquez, ‘Popeye’, uno de los sicarios más allegados a Pablo Escobar, confesó en el documental ‘Los dos Escobar’ que su patrón fue el que ordenó el asesinato de Álvaro Ortega, molesto tras el gol anulado en el partido que ganó el América de Cali. De esta forma Escobar dejó claro su poder, ahora en el aspecto deportivo, y demostró en ese momento que nada ni nadie podía desafiarlo.

A pesar de que algunos clubes se negaban, la Dimayor, presionada por Conmebol y FIFA, tomó la decisión de cancelar el torneo dos días después de la muerte de Ortega. El gobierno colombiano, a través del Ministerio de Educación, también se pronunció en contra de la continuidad del torneo. El fútbol en Colombia se quedaba sin campeón por primera vez en 51 años y alcanzaba uno de los puntos más oscuros en toda su historia por culpa del narcotráfico.

Fuente imagen principal: LUIS ACOSTA (AFP/Getty Images)

Capos y goles (I) América de Cali

Capos y goles (I) América de Cali

La guerra contra el narcotráfico representa uno de los momentos más duros en la historia de Colombia. Durante la década de los ochenta y mediados de los noventa, las disputas entre el Estado y los cárteles mantuvieron en vilo a una población que se vio en medio del fuego cruzado; miles de muertos, desaparecidos y desplazados, además de un profundo daño en el tejido social, fueron el recuento de las heridas en el país sudamericano.

Elmonstruo del narcotráfico impactó en niveles políticos, económicos y sociales. El fútbol tampoco escapó de sus tentáculos.

El monstruo del narcotráfico impactó en niveles políticos, económicos y sociales: por supuesto, el fútbol no podía escapar de sus tentáculos. En este artículo, primero de una mini trilogía, el protagonista será el América de Cali, equipo que en los ochenta alcanzó la cúspide del fútbol colombiano, respaldado por el poder del cartel de la misma ciudad.

LA INCURSIÓN DEL ‘NARCO’

A mediados de 1970 el Unión Magdalena fue el primer equipo en ser vinculado con delincuentes relacionados al tráfico de drogas y esmeraldas; de la mano de los hermanos Dávila Armenta, el conjunto samario pasó a pelear títulos, alcanzando un subcampeonato en 1979.  Si bien el caso no fue tan sonado, sentó las bases para que capos de mayor relevancia comenzaran a adentrarse en el negocio, primero de manera sigilosa y después de manera más abierta, protegidos por la impunidad y el poder del dinero que ostentaban cada que podían.

El narcotráfico en Colombia alcanzó su punto de mayor bonanza durante el transcurso de los ochenta. Con ganancias que llegaban a los 500.000 millones de dólares, era necesario encontrar nuevos terrenos para invertir; aunado a esto, el fútbol en Colombia vivía una etapa de crisis económica desde mediados de los setenta, por lo que cualquier ingreso era bienvenido. Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia, fue el primero en denunciar en 1983 la infiltración de dineros sucios en el fútbol, señalando de manera principal a Pablo Escobar; su atrevimiento le costó la vida y dejó muestra de que los capos estaban dispuestos a todo para adentrarse en el balompié.

LA ‘MECHITA’ Y LOS RODRÍGUEZ OREJUELA

El América de Cali es uno de los equipos de mayor arraigo en el fútbol colombiano.

El América de Cali, fundado en 1927, es uno de los equipos de mayor arraigo en el fútbol colombiano, así como uno de los más ganadores, con 13 títulos de Categoría A, solo por debajo de Atlético Nacional y Millonarios de Bogotá. Sin embargo, la etapa dorada del club no inició hasta 1979, cuando los apoyos ‘desconocidos’ comenzaron a llegar.

Miguel Rodríguez Orejuela, uno de los cabecillas del Cartel de Cali, buscaba la manera de formar parte de la élite caleña y pensó en el fútbol como método para ser aceptado con mayor facilidad. Su primer intento consistió en volverse socio mayoritario del Deportivo Cali, pero fracasó ante el rechazo de la junta directiva del club verdiblanco; sin embargo, Rodríguez Orejuela no quedó conforme y buscó un equipo de media tabla para abajo, encontrando en el América la ocasión perfecta.

Miguel, junto a su hermano Gilberto, se hizo con el control de los ‘Diablos rojos’ a finales de los 70. Contaban con un capital considerable, considerando la fortaleza de sus negocios con las drogas, lo que pronto se vio reflejado con fichajes de jugadores de talla mundial, arreglos de partidos y regalos extravagantes a sus jugadores.

De 1982 a 1986 no hubo otro equipo en Colombia. ‘La Mechita’ se coronó pentacampeón sin que hubiera un rival que pusiera en peligro su dominio. A nivel continental el América también destacó, alcanzando tres finales de Libertadores consecutivas, de 1985 a 1987, las cuales perdió frente a Argentinos Juniors, River Plate y Peñarol, respectivamente. Por sus filas desfilaron jugadores de renombre en la época como Ricardo Gareca, Julio Cesár Falcioni o Willington Ortiz, e incluso los Rodríguez Orejuela tentaron a Teófilo Cubillas y Diego Maradona para unirse al club, aunque finalmente no se concretaron ambos fichajes.

El poder de Miguel Rodríguez Orejuela dentro del club era absoluto. Aprovechaba la facilidad que le brindaba tener su propio equipo para lavar millones de dólares en transacciones y dádivas para los jugadores. Paseaba por las instalaciones donde entrenaba el equipo e ingresaba a los vestidores para incentivar al equipo. Germán Jiménez Leal, periodista colombiano, retrataba en un número de la revista Cambio, en 1998, como el capo bajó al vestidor previo a un partido donde Cali enfrentaría a Nacional para ofrecer a los jugadores 50 millones de pesos colombianos si ganaban el encuentro; los ‘rojos’ ganaron el clásico y la plantilla recibió el dinero sin preguntar de dónde provenía. En partidos importantes, como los clásicos o duelos de Copa Libertadores, las primas podían ir de los 500.000 a los 10 millones de pesos colombianos; incluso, el paraguayo Roberto Cabañas fue premiado con un apartamento tras marcar en la final de Libertadores frente a Peñarol.

La ‘bondad’ de Rodríguez no se quedaba ahí: los jugadores acudían a su oficina, donde se formaban filas, para solicitarle algún dinero extra, a lo que él accedía sin chistar. Aun cuando estaba cerca de ser capturado, el narcotraficante se mantuvo a cargo del equipo y buscaba la manera de reunirse con algunos jugadores para dar a conocer o entregar los premios.

Las ayudas arbitrales no faltaron durante el periodo glorioso del América de Cali. Regalos a los colegiados, amaños de partidos y manipulaciones en los sorteos finales formaron parte de las trampas que se dieron durante la estadía de los Rodríguez Orejuela al mando. Estas prácticas, convertidas en costumbre, provocaron que los jugadores de ‘la Mechita’ se volvieran prepotentes frente a sus rivales y a los árbitros, que en diversas ocasiones se daban el lujo de exigir obsequios a cambio de ayudas.

Un par de títulos más en 1990 y 1992 sellaron la etapa de Miguel Rodríguez Orejuela al mando del club. El capo fue detenido en 1995 en Cali y en 1998 fue recluido en prisión. Durante este proceso, el América de Cali fue incluido dentro de la Lista Clinton, que prohibía a la institución realizar transacciones comerciales con empresas de Estados Unidos por estar involucrado en negocios ilegales, lo que representó un duro golpe al no encontrar un sostén económico. En 2013 finalmente salió de la lista, pero ya para ese entonces llevaba dos años jugando en la Primera B, donde permanece hasta la fecha.

De 1979 a 2008 ‘la Mechita’ alcanzó 13 títulos en Colombia y el reconocimiento a nivel internacional. Si bien su grandeza no se discute en cuanto a afición, cuenta con un estigma detrás, producto de los apoyos recibidos durante su etapa de mayor prestigio. Con el respaldo de los hermanos Rodríguez Orejuela y el Cartel de Cali, el América alcanzó la gloria y se mantuvo en la cima por un largo rato; no obstante, estos aires de grandeza provocaron que nuevos capos se interesaran en involucrarse en el fútbol, dando paso a una de las etapas más oscuras, y al mismo tiempo más exitosas para el balompié colombiano.

Fuente imagen principal: LUIS ROBAYO (AFP/Getty Images)

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